Por: Silvia Cruz.
Ayer se me fue el santo al cielo literalmente entre la ida al mandado, y las carreras de surtir cerveza que dicho sea de paso ahora es un problema desde que la ofrecen en los Oxxo, y los camiones repartidores empezaron a quedar mal con los expendios, cantinas, bares y restaurantes establecidos del centro histórico.
En fin, que de tanta vuelta me dio la hora de apertura de mi negocio y ya hasta el cierre me fui a seguir con mi brindis cumpleañero de este 04 de septiembre, muy fresco, gracias a la pertinaz lluvia finita que se prolongó todo el turno, de esa que le dicen moja pen… y que mucha gente dice todavía “está pringando” …
Lo primero que me di cuenta es que después de las siete y en domingo, ya no hay cantinas abiertas, pero hay una infalible los 365 días del año, la revolucionaria Cantina El Escalón, digo revolucionaria porque en uno de sus muros dice estar fechada en 1910, y se atribuye después del Peñasquito uno de primeros permisos de este giro en la capital potosina.
Ubicada en la esquina de Ocampo y Reforma, es un pedacito donde cabemos pocos parroquianos, codo a codo en la diminuta barra, y sus tres mesas, aun así, tiene fiel clientela.
Doña Leo la cantinera de turno, amorosa aconseja al dúo que en ese momento ocupan la barra, que ya se vayan a descansar y que cuiden la “raya”, bastante mermado el sobrecito amarillo, por cierto, les ofrece pedirles un Uber para que no los roben, mientras me cuenta muy preocupada que no importa que estén frente a la Unidad de Gestión del Centro Histórico, igual los asaltos están a la orden del día.
El Escalón es una cantina muy simpática, con sus puertas abatibles y un aire de nostalgia, tomó su nombre de un “pollito” que se puso para salvar las charcas que se formaban, pues ahí siempre ha sido un cauce natural de agua en temporada de lluvias, por lo que ese tramo de Reforma hasta Julián de los Reyes también se le conoce como “la corriente”.
- La cantina al parecer fue fundada por un Salvador Villaseñor quien junto con su señora María Cano preparaban exquisita botana, costumbre que con los años se perdió pues ahora solo ofrecen bebidas y si acaso un puñado de cacahuates y palomitas.
Ha pasado por varias administraciones después de que los descendientes de aquella pareja vendieran el permiso, pero una curiosa característica es que casi siempre los últimos años, es atendida por mujeres en la barra, Doña leo por cierto prepara unas micheladas con clamato exquisitas, en su mero punto.











