Por: Silvia Cruz.
San Luis Potosí, S.L.P; Con mi cumpleaños entró el otoño el pasado 22 de septiembre, me gusta esta época especialmente por los colores y porque regresan las tardes noche frescas y se anuncian las primeras heladas, porque el jardín de San Miguelito, mi barrio, se viste de ocres, terracotas y naranjas quemados intensos.
En mi día y los subsecuentes hay muchas razones para tomarse un buen mezcal, como por ejemplo brindar por las celebraciones de la Virgen de la Merced y mis amigos locatarios del Mercado Tangamanga el 24 del mes.
Para no llegar con las manos vacías, agarramos carretera con rumbo a Santa Teresa, una localidad que pertenece a Ahualulco que por más señas está pasando Mexquitic, esto si voy en la carretera San Luis/Zacatecas, en el kilómetro 49 más o menos está un parador a la derecha, ahí le das hacía adentro por una breve carretera unos cuantos kilómetros, camino que serpenteando y preguntando te lleva a la antigua mezcalera Molienda Antigua Dorada, no hay pierde.
Don Marcelino Guevara, el maestro mezcalero, un grandote y chapeado hombre de campo, nos platica que en este momento no se está produciendo mezcal, porque llovió mucho por la zona y los agaves están “aguanosos”, necesitan esperar hasta las primeras heladas y que este bien seco para cortar agave con azucares bien concentrados.
Eso no quiere decir que no estén preparados en bodega con mucho producto para el invierno que pronostica estará sabroso y calador me dice Don Marcelino muy orondo, pues las mismas lluvias traerán la suficiente humedad para que caiga la helada, y para esos fríos no hay mejor cobija que un buen mezcal.
Risueño me ofrece la prueba, un shotcito que en esta fresca mañana, y en ayunas me cae excelente al paladar, mientras platicamos del campo me ofrece queso recién hecho, de rancho, exquisito, ni modo de hacerle la grosería y le compro cuatro de una vez.
Después de comprar mis botellas de Santa Teresa, ahí mismo en el punto de venta, Marcelino me dice que podría hacerme el recorrido, pero ahorita estaría muy triste pues tienen desmontado una parte del proceso porque mandaron traer una parte del alambique de Santa Clara del Cobre, le digo que no se preocupe, que tengo buen pretexto para iniciando el año venir a estrenar las nuevas piezas de cobre, las imagino puliditas, martilladas y brillantes.
No me puedo ir de la mezcalera sin saludar a las señoras de las gorditas y hacerles los honores a esta cocina de humo que sabe a gloria, no hay a cual guisado hacerle el feo, mientras las señoras tortean hablan entre risas del jaripeo y baile que se está preparando para hoy sábado en los Saldaña, con el pretexto de los novenarios y las entradas de cera en honor a San Miguel Arcángel, la fiesta grande de Mexquitic de la que estamos en vísperas, les pregunto si van a ir en procesión de ahí de Santa Teresa, a carcajadas me contestan que no, que lo que aprovechan son los bailes de las comunidades cercanas como las entrada de cera con música y danzantes y banda sin faltar las cabalgatas que se están haciendo con mucha ilusión y alegría después de la interrupción que significo la pandemia.
De regreso, en el kilómetro 36 hay que hacer un alto obligado a lo que queda de la hacienda La Parada, que hermosa e imperturbable nos observa en esa vastedad de campos con sus hermosas yucas, esa palma del desierto que siempre me ha subyugado.
Los kilómetros me van mostrando los hermosos nombres de los poblados, todos de fiesta, muy ordenados para celebrar al güerito peleonero príncipe de los ejércitos, San Miguel.
A lo lejos la presa de Mexquitic, El Mastranto, Cerro Prieto, Ojo de Agua, Agua Señora, Cerrito del Jaral, Los López, Paisanos, Monte Obscuro…y ahí adelantito antes de subir el puente del periférico, por la lateral en la cuchilla recuerdo que está la cuadrita de las pulquerías, tendré que regresar a saludar a mi amiga Reyna, la única tlachiquera de la zona, que hace unos curados de pulque buenísimos, antes de que termine mi mes cumpleañero, lo prometo.











