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LA MINA: BOCA DE LOBO Y SUS RIESGOS JOCE BENITES

Hasta la flojera se quita cuando el cuerpo sabe que hay ir a trabajar a la mina.

El reloj marca las seis de la mañana, las 2 de la tarde o las 10 de la noche y ya hay trabajadores en los para buses y frente al monumento del minero, esperando el transporte, que ha de trasladarlos a la mina unidad Charcas, operada por Grupo México.

Esta se convierte prácticamente en la única fuente de empleo para los lugareños; allí se extraen minerales como: zinc, cobre, plata y plomo.
Y aunque esas bocas de lobo que roban el aire y los hace sudar a chorros, los obliga a laborar en ellas, éstos y simplemente, se valen de su Fe y una persignada frente al cielo y a un ser supremo al momento de levantarse o antes de iniciar la jornada laboral, misma que los ha de proteger de un derrumbe que pueda dañar una parte del cuerpo o hasta acabar con él.

– ¿Miedo? –
¡Noo! -dicen los trabajadores, mientras chasquean los labios- aunque quizá por dentro de sí, exista.
Pero a veces son las deudas, la manutención de una familia y el sueño de un mejor porvenir, lo que orilla a un minero a abandonar su cama, aún con sueño denso y una flojera que se siente hasta debajo de las uñas.
¿Seguros?
¡Noo! –aseveran-
Juan trabaja en la superficie de la mina y –dice- “¡ ya ve! algunas áreas por donde tenemos que atravesar están en muy mal estado y es un martirio porque va uno a brinque y brinque en el transporte y pues se necesita que la empresa le diera un mantenimiento bueno y que hubiera alumbrado para todo, hasta donde va uno”.

En la mina el ruido de la maquinaria es molesto e inquietante, que solo el golpe de la roca y la buena actitud lo evaden. “yo siempre estoy alegre y canto” -dice Gilberto-
“Bajar a la mina, es casi como cavar la propia tumba porque no sabe uno si va a salir bien o va a quedar ahí atrapado”…
Humo, gases, humedad, temperatura alta es el pan de cada día que vive en la jornada de trabajo el minero.

Gilberto –dice- que aunque exista peligro, la necesidad, la ausencia de más fuentes de empleo y los sueños de un mejor porvenir forjan a los hombres de ese pueblo en el altiplano potosino a trabajar bajo la tierra, él eligió ser minero porque en los tiempos que comenzó a ser productivo no existían otras fuentes de trabajo en el lugar. Y -dice- “era el único lugar que había… pues ya como quiera 35 años trabajando ahí, ya estas para pensarle”.
Por ello, precaución y alerta son acciones que no deben fallar y estar presentes junto a la herramienta de trabajo.
Y aunque algunas vidas han ya perecido en es lugares de ante mano se sabe que el sol también luce bajo la tierra y sin necesidad de encender lámparas.
Pero… El miedo en la mina solo se tapa con casco, botas industriales, pantalones largos, guantes y hasta lentes para evitar que el peligro ataque al cuerpo.
Por eso y con todo ello, el obrero de Charcas se resigna a permanecer en ese laberinto de túneles, porque las escasas opciones laborales y la necesidad económica, son más fuertes que la propia seguridad física.
Además esta práctica se ha vuelto común, porque algunos trabajan en la mina por herencia de los padres y abuelos.
-Pero al recordar y escuchar mencionar los trágicos accidentes que se han suscitado en ese lugar, es cuando se eriza la piel e invade un poco la cobardía-
Fuera de la mina, el ambiente es otro porque llueve, esta soleado, hace aire y la gente perfectamente distingue el día de la noche, en cambio para el minero siempre es de noche, pues las tinieblas de la mina no permiten distinguir las horas. Lo único que avisa que la jornada va avanzada, es el ardor y cansancio que siete todo el cuerpo, espalda y huesos.
Cuando por fin concluye la jornada, el cansancio disminuye y las energías se recargan, “bendito Dios”,-dice Gilberto- -otro día que salgo librado de aquí-
Acto seguido me persigno, respiro volteo hacia el cielo y agradezco.
Hay quienes sólo se limpian el sudor, se quitan la ropa de trabajo y buscan la puerta de salida enseguida.
Gilberto en cambio mira al cielo y no puede dejar de agradecer.
-No es que nos guste mucho este trabajo, pero los que estamos en este barco, tenemos que seguir de frente, no hay de otra-
-Y mañana sé que volveré a lo mismo-
La vida en la mina es dura… incluye sufrimientos, cansancio, peligros y hasta enfermedades. ¡Ese, es sin duda, el salario más seguro que se cobra!