POR SILVIA CRUZ
A propósito de la desaparición terrenal del ex gobernador Horacio Sánchez Unzueta recordé que el centro histórico mientras duro su gestión sufrió una transformación radical en sus barrios, andadores, plazas y jardines que incluyeron el hermoseamiento de la calzada de Guadalupe, la calle de Zaragoza con aquellos macetones de talavera maravillosos que luego desaparecieron misteriosamente, los barrios como El Montecillo que recobró su esplendor, no se diga Tlaxcala y Santiago, al igual que San Juan de Guadalupe.
Los maestros canteros de Escalerillas trabajaban incansables aquellos yacimientos de roca con su característico color rosa, no quiero mentir si en su administración se creó una especie de Instituto de la cantera, pero de que se hermosearon fachadas, se recuperaron columnas, cornisas y hasta pisos con el adoquín, es claro que se hizo; en ese entonces en los potosinos había un genuino sentimiento de orgullo y sentido de pertenencia, que hoy veo totalmente diluido en la ciudadanía.
Esa ciudad con alma de cantera, sobre todo en su centro histórico le debe mucho a Horacio Sánchez, también el movimiento cultural de entonces se vio beneficiado, la escultura, la pintura, las artes plásticas en general y las artes escénicas estaban vivas y actuantes.
Baste decir que desde el DIF encabezado por Conchalupe Nava, se hizo una acuciosa investigación sobre la artesanía local, en cada rincón de la geografía potosina se recogieron en fotografía un inventario detallado del trabajo de las manos mágicas de nuestra gente, desde entonces no ha habido quien haga esta recopilación puntual, tampoco de gastronomía, que ya en ese entonces se reconocía en las cocineras tradicionales, mucho antes de que empezaran desde Michoacán a promover el nombramiento ante la UNESCO.
El fallecimiento de Sánchez Unzueta coincide con un movimiento genuino de jóvenes inversionistas en el centro histórico que este fin de semana presentaron un “pasaporte gastronómico “, lidereados por una de sus pupilas, Diana Estrada Harris que tanto trabajo con Horacio en su paso por el Consejo Consultivo del Centro Histórico.
Y aquí esta parte de su legado, un grupo de emprendedores cuyo interés es seguir promoviendo las riquezas culturales y arquitectónicas del centro histórico, que se han dado a la tarea de rescatar fincas antiguas, ponerlas en valor para hacer una oferta gastronómica diversa, cuya impronta es la convivencia estética del entorno apelando a los sentidos para disfrutar de una experiencia única.
La propuesta si bien evidentemente está dirigida al turista, también busca enamorar al potosino para que regrese al centro histórico, recupere ese orgullo y se apropie de este museo a cielo abierto que es nuestra capital.
Las quince propuestas, a razón de que se sigan sumando más son restaurante Chau en la calle de Iturbide, Bretonas Ipiña, Comuna, El Cotillón de La Lonja, Croque La Vie y Callejón 7B. En la iniciativa destacan también Cielo Tinto, Café Sideral, Estacionamiento Ipiña y Fork Le Brunch Atelier; además forman parte de esta importante alianza La Histórica, Juan Gallo, La Oruga y la Cebada, Papalote Guateque, Tres60 y Kaffee Kunst Berlín.
Todos estos negocios están empeñados en darle una nueva vida al Centro Histórico, que el turismo local, nacional e internacional descubra en fincas de alto valor histórico estos espacios de sabor, de alta cocina y de armonía arquitectónica, quien quita y con mucha suerte los potosinos nos volvamos a sentir orgullosos de nuestro hermoso, único, e incomparable centro histórico, yo creo que donde se encuentre Horacio Sánchez Unzueta debe estar contento de haber dejado esa semilla, que descanse en paz.











