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LA ALGARABÍA DE SEPTIEMBRE

Pues sin más ni más se nos fue septiembre

Siempre he pensado que septiembre es el mes más bonito del año, y no porque sea el mes de mi cumpleaños, es que es un mes para celebrar, algo que a los mexicanos nos apasiona, y si se trata de festejos patrios, no se diga, porque podremos andar “de la greña” todo el año, pero en estas fechas con tequilitas de por medio todos somos amigos, todos somos hermanos, todos somos mexicanos.

Además de las fiestas patrias, con su pozole, sus chiles en nogada, sus tacos rojos, flautas, birria, “barbacha”, carnitas y su respectivo elixir etílico llámese tequila, mezcal o pulque, en septiembre se celebra a la Virgen de la Merced, ahí en el mercado que ahora se llama Tangamanga pero que los potosinos tercamente le seguimos diciendo de La Merced, celebra por todo lo alto el día de su Santa Patrona.

Adornos, juegos, gastronomía y pirotecnia y casi diaria una amenizada de lujo con la Orquesta Luna Azul de Don Arcadio Alonso (QEPD) del mero barrio de San Sebastián, así entre chachachá, mambos, y danzones las compras del mercado se hacen más alegres y los locatarios están muy contentos, a la vende y vende.

Previo a este festejo, como a mitad de mes, el mero 14 son las fiestas del Señor de los Trabajos, ahí en el templo de San José a un costado de la alameda, el santo al que casi todo potosino bien nacido se encomienda celebró este año con un buen tamborazo, y su respectiva degustación de garnachita potosina; para no aflojar el ritmo al día siguiente bajando al Santo, inician las tradicionales callejoneadas de los cuarteles del más bonito barrio del centro histórico, San Miguelito, con sus matlachines, banda de viento y percusión y su inevitable pirotecnia.

Cada mañana y cada atardecer San Miguelito tan venerado es paseado en andas, lo traen literalmente “danzando” por las serpenteantes calles adoquinadas, este año haciendo malabares en algunos tramos que se han levantado, y no sé si así seguirán mientras se pelean los vecinos por la “chaineada” del barrio, la vida y la fiesta sigue…

Con septiembre llega también el otoño, la tardes refrescan, y se suelta un ligero viento de la sierra de San Miguelito, y nos preparamos para celebrar al “güerito peleonero” ahí por el día 29, el barrio, las calles se visten de blanco y rojo, todo es algarabía, y el jardín recibe toda la quincena además de las visitas de los cuarteles, música en vivo variopinta, sobre todo de los hijos del barrio: la Jazz Capri, y es inevitable que este año se extrañe el piano de León Segovia, toda una leyenda.

Lo más bonito de celebrar a San Miguelito, es que la fecha coincide con el Día nacional del Maíz, y también con la bajada de máscaras de la celebración de las festividades de muertos en la huasteca potosina, es el primer acto festivo de la fiesta más grande para los huastecos que es el llamado Xantolo; así, en todos los pueblos se bajan las máscaras, se acicalan, se hermosean, y se sahumerean, obviamente esto conlleva su pachangón incluido de comida y bebida.

En el ritual también se celebra la semilla del maíz, base de nuestra muy mexicana dieta, que desde la época prehispánica nos alimenta, y nos ha dado la posibilidad de generar un sinfín de platillos, base primordial de lo que nuestros antepasados llamaban la milpa, así frijol, chile y calabaza junto con el maíz siguen siendo la cuna de nuestra gastronomía, es decir la mismita base de la vida, de la pura vida, porque acuérdese como dijo Ofelia Medina, o al menos a ella se lo escuche primero: “sin maíz, no hay país”

Ahora a esperar el “cordonazo” de San Francisco que buena falta nos hace, porque estos calores no los conocíamos, ya vienen también las lunas más hermosas, por si se las quiere regalar al ser amado, por supuesto que sea muy bienvenido octubre.